De viaje por Marruecos
| Jemaá el Fná.Marrakech |
Apenas catorce kilómetros de mar te han traído a otro mundo,
¡tan distinto! Y, sin embargo, la plaza en la que recuperas fuerzas tomando un
té se denomina Zoco Chico, en Fez te hospedas en el barrio andaluz, el señor que se sube al autobús acaba de soltar un “Ay, madre mía”, y esa
muchacha… ¿no te acaba de decir que se llama Almanzora?
Por eso, cuando por fin mi madre se decidió a descansar por
unos días de cuidar a mi padre, no lo dudé: la llevaría a Marruecos. Marruecos,
Estambul, Venecia y Lisboa: esos fueron los nombres que me vinieron a la cabeza
en cuanto se vislumbró la oportunidad de hacer el viaje. Pero primero era
Marruecos.
| Fes al Bali |
| Calleja de Fes el Bali |
En autobús primero y luego en tren, visitamos además de Tánger, Fez y Marrakech. En Fez dormimos en un hotel de mala muerte. Pero eso era parte de la aventura. Nos perdimos en la medina de Fes el Bali: “¿Ya sabes dónde estamos?”, dice. Y yo: “Ni puta idea. Tranquila, recompensaremos con cinco dírhams a este chaval si nos acompaña hasta la plaza Nayyarín“. Al ver que posaba para una foto entre las estrechísimas calles de la medina, un hombre le dice en español: “No se puede estar gordo aquí”.
En autobús primero y luego en tren, visitamos además de Tánger, Fez y Marrakech. En Fez dormimos en un hotel de mala muerte. Pero eso era parte de la aventura. Nos perdimos en la medina de Fes el Bali: “¿Ya sabes dónde estamos?”, dice. Y yo: “Ni puta idea. Tranquila, recompensaremos con cinco dírhams a este chaval si nos acompaña hasta la plaza Nayyarín“. Al ver que posaba para una foto entre las estrechísimas calles de la medina, un hombre le dice en español: “No se puede estar gordo aquí”.
“Buenos días”, nos saluda un joven en bici. “Aquí a
ti ya te conocen”, dice mi madre. Eran apenas las seis de la mañana e íbamos a
coger el tren a Marrakech. En el tren, hice mención de acompañarla al baño,
pero como venía el revisor, le dije que fuera ella sola: “Cuidado, se marcha tu
madre”, me dijeron un tanto asustadas las señoras de nuestro mismo
compartimento. “Allá ella, es mayor de edad”, pensé yo sonriente. El joven de
Kenitra que estaba frente a mí, me dijo “¿es tu madre?”, y a mi respuesta afirmativa como movido por una ternura olvidada,
cogió el móvil y llamó a sus padres con los que habló con esa voz en falsete
que ponen los marroquíes al hablar con los niños.
La simpatía de los marroquíes y su carácter pícaro y
malicioso la
conquistaron, como han conquistado por otra parte a todos los miembros de mi familia que hemos conocido el país. Marrakech la cautivó hasta el punto de, tan escrupulosa ella a la hora de aceptar un plato de caracoles cocinado por otro, tomarse en la plaza Jemaa el Fná unos caracoles especiados al estilo granadino hasta dejar la taza limpia. Nos hospedamos en un hotelillo en la plaza Jemáa el Fná, entrando por una calleja a la derecha del CTM. El baño estaba fuera de la habitación y allá iba ella con la toalla a la cintura como si tuviera 16 años.
| En compañía de un aguador |
conquistaron, como han conquistado por otra parte a todos los miembros de mi familia que hemos conocido el país. Marrakech la cautivó hasta el punto de, tan escrupulosa ella a la hora de aceptar un plato de caracoles cocinado por otro, tomarse en la plaza Jemaa el Fná unos caracoles especiados al estilo granadino hasta dejar la taza limpia. Nos hospedamos en un hotelillo en la plaza Jemáa el Fná, entrando por una calleja a la derecha del CTM. El baño estaba fuera de la habitación y allá iba ella con la toalla a la cintura como si tuviera 16 años.
| Marrakech |
| En la menara. Marrakech |
| En un café de Marrakech |
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