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viernes, 30 de noviembre de 2012

Kampala... en verso






Kampala




Queen Elizabeth. Uganda.

Donde el Victoria se emborracha con aceite
Homenaje a Garcia Lorca

 

Cual pequeños mahouts africanos,
pajarillos negros a lomos de elefante
otean en la mañanera niebla
entre dóciles cobos y jirafas elegantes.
Murchison falls. Uganda
Holgazaneando está el cocodrilo,
y el gorila en un dolce fare niente,
el hipopótamo gordo bosteza,
agua que del Nilo brota estridente.
Cual diestro limpiador de orejas indio,
en extintos volcanes de sabor a sal,
un espulgabueyes de pico rubí-ambarino
con alborozo al búfalo quiere asear.


Old taxi park. Kampala
Traqueteo mientras yo por el rojo del camino,
todo es hermoso, todo está limpio.
Y llego un día a la gran ciudad,
del hombre inmenso mizigo.
Nunca el contraste fue tan fuerte.
Nunca del  poder destructor del hombre
fui  tan consciente.

Vendedores ambulantes ocupan calles, ocupan aceras;
la Old Taxi Park, motos, autobuses, furgonetas…
Vocerío en el  hotel, naturaleza mancillada.
Extraño topónimo para Kampala: Impala.


Caos en Kyagwe road, Nakivubo infernal.
¡Aparta la quincallería! ¡He de pasar!
Confusión de sonidos de almuédano y discoteca
Marabú sobre una farola de Kampala
Chamizos, casuchas, chabolas, favelas
No hay agua corriente en el slum,
tan solo grandes  garrafas amarillas;
trasportando agua hipotecadas
miles de vidas de niñas.


Venid, sobrevolad, gigantes marabúes
Kiwanuka street, el Kamu-Kamu Plaza, el mercadillo.
Bienvenidas queridas amigas, oh diminutas tse-tsé,
haced que los boda-boda huyan despavoridos.
Enmudezed, cucaburras y alegres yacos,
con vuestra risa la urbe y sus sonidos.


Y nosotros también, hombres de buena fe,
visitemos a Musoke en Nebbi Town.
Familia de babuinos. Uganda
Que ponga a enfriar las Kidi koth
Que caiga la lluvia en los tejados
Hasta bajo el agua Kampala
hacer desaparecer.
Y que vengan a habitarla
colobos, babuinos y chimpancés.

 


Chimpancé en la Budongo Forest




viernes, 19 de octubre de 2012

El río Nilo


De los Grandes Lagos al Mediterráneo
 

 



Siesta en el Nilo. Egipto.
No fui consciente de lo que había hecho hasta años después. Estábamos navegando por el río a la altura de Asuán, cuando alguien dijo que según la tradición el que bebía agua del Nilo había de volver irremediablemente a Egipto. No nos debía ir muy mal en el país porque sin dudarlo tomamos una botella de agua, la terminamos de vaciar y la llenamos con agua del río. Nos la pasamos unos a otros como en una liturgia y bebimos todos de ella (menos Rafat claro, que dudo mucho quisiera retar al destino con que le hiciese volver a Egipto quién sabe si para siempre, hay que tener cuidado con lo que se desea).

 





En un bar de Asuán
No fue sino una de esas tonterías que se
En una taberna de El Cairo
hacen para darle un poco de magia a la vida, pero puedo aseguraros que el conjuro funciona y además más allá de lo que uno pueda imaginar. Nueve años después allí estaba yo de nuevo soportando el tremendo calor de Asuán, comiendo kossuri y falafel, aguantando los “do you want faluca?” de todo el que te veía pasear tranquilamente por la orilla del río y jugándome el tipo entre el  tráfico irrespetuoso e incluso homicida de las calles de El Cairo y la agresividad latente de la macrociudad.







Monasterio Narga Selassi.
 Isla Dek. Lago Tana
Muñecas nubias. Asuán


Pero ahí no quedó la cosa, porque  siete años después me dirigí a Etiopía (¿el país de Punt que mencionaban los antiguos egipcios?), donde nace el Nilo Azul. Y resulta que este año he visitado Uganda, donde nace el otro brazo del Nilo, el Nilo Blanco.



 










 
Cataratas Murchison, en el Nilo Victoria
En realidad el nacimiento del Nilo no parece que se pueda situar en un único sitio y es por ello en parte que volvió locos a los exploradores del siglo XIX. Parece ser que la fuente más lejana de la desembocadura se encuentra en Ruanda, en el río Rukarara, afluente del  río Kagera, que a través de Tanzania llega al lago Victoria donde desemboca.  En ese lago pero en la zona ugandesa  nace el Nilo Victoria, el lugar considerado por Speke como las fuentes del Nilo, en la actual Jinja. El Nilo Victoria atraviesa Uganda hasta llegar al lago Alberto. De allí sale el denominado Nilo Alberto que seguirá camino hacia Sudán del Sur. Pero es que a su vez el lago Alberto, como el Eduardo y el Jorge,  se nutre de las aguas provenientes de la llovizna constante que cae sobre las montañas de la Luna o montes Ruwenzori que marcan la frontera entre Uganda y Congo, una de las regiones más lluviosas del planeta. Siempre cubiertas de nubes y con nieve perpetua en sus cumbres, estos montes  aportan  gran parte del caudal del Nilo Blanco y ponen su granito de arena en la configuración de este fascinante río.



Cordillera de los Ruwenzoris



Mastewal navegando
 por el lago Tana




El Nilo Alberto tras atravesar Sudán del Sur llegará a Jartum con el nombre de Nilo Blanco para unirse allí al Nilo Azul que nace en Etiopía, en el lago Tana, como señaló el español Pedro Páez, no tan conocido como Speke  pero igual de meritorio. Y en Jartum Nilo Azul y Blanco se unirán  para juntos dirigirse en un viaje desesperado por el desierto hacia el Mediterráneo, un periplo de unos 6756 km.








Es fascinante pensar mientras uno remoja sus pies en la playa de Tarifa que parte de esa agua que le moja ha hecho un fabuloso viaje desde el interior de África, desde la región de los grandes lagos, la cuna de la humanidad, para acariciar nuestros pies.
 




viernes, 12 de octubre de 2012

El reino de Buganda


...y otros.

 

Tumba del omukama Kabarega, rey de Bunyoro
Uganda es la unión de diferentes reinos: el reino de Buganda, el de Toro, el de Bunyoro, Ankole, Acholi… Alguno de sus reyes  tuvo que ir al exilio cuando  Obote abolió los reinos en 1967, pero con posterioridad en el 93 con Museveni  se volvieron a legalizar aunque el poder de los reyes es meramente simbólico. En  la carretera entre Entebbe y Kampala vimos cómo la gente había decorado el camino con ramas de árboles sujetas a las señales del camino o a donde podían (Los ugandeses utilizan siempre  ramitas de árboles -no sé si es siempre el mismo tipo de árbol o no-  cuando festejan algo. Por ejemplo cuando fueron a recibir a Kiprotich, el ugandés que ganó  la maratón en los Juegos de Londres todos blandían ramas en la mano). Además por el camino había algún que otro  grupo de gente tocando los tambores y bailando. El día anterior en  Entebbe nos habían invitado a nosotras a bailar con ellos en un grupo similar al que nos acercamos al oír los tambores y ver a la gente bailar moviendo el  trasero con gracia.

Hasta el día siguiente no nos enteramos de a qué se debía esa curiosa decoración de la carretera y esos grupos de músicos: el rey de Buganda estaba de visita para festejar el treinta aniversario de su acceso al trono. En el periódico New Vision se decía que el rey de Buganda pedía más competencias para poder atender las necesidades de los buganda, un estado federal  (¿A qué me suena esto?) y que se restituyese a los bugandeses las propiedades expropiadas en su día como se había hecho con los indios que expulsó Idi Amin -con terribles consecuencias para la economía ugandesa, por cierto-. No sé si lo que dice el rey de Buganda es cierto y se restituyó a los asiáticos todas sus propiedades.  Hoy en día se ven bastantes indios (la verdad es que el único que nos dijo de donde era resultó ser pakistaní) en las ciudades de Uganda, pero son todos muy jóvenes, menores en un 90 por ciento de treinta años, por lo que no pueden ser las mismas personas que fueron expulsadas por Idi Amin en 1972. Tal vez sean sus descendientes o pertenezcan a una nueva ola migratoria. En su mayoría son propietarios de Badulakes -supermercados quiero decir-. Casi todos los supermercados de  Hoima o Fort Portal están en manos de indios, aunque también hay uno de propietario chino. En Kampala regentan las tiendas de productos electrónicos de la Kampala Road.  Y en la tele  pudimos ver que algunos son empresarios. De todas formas también vimos alguno trabajando en las obras de la carretera en la zona de Ishasha.







Copa del rey Kabalega de Bunyoro
En Hoima fuimos a ver la tumba del omukama (rey)  Kabalega de Bunyoro. Según te acercas al recinto de las tumbas de Mparo se materializa un hombre que no te abre la puerta hasta que no le pagas la tarifa correspondiente. La tumba de Kabalega es una especie de choza en la que se guardan su escudo, sus armas, sus vasos y demás pertenencias.  El lugar no es especialmente remarcable pero si ayuda a entender un poco la historia de este país y en este país en el que quedan tan pocos vestigios del pasado creo que merece la pena que se visite.  El rey de Toro, por su parte, tiene un palacio en una colina de Fort Portal. Accedió al trono con 4 añitos y hoy tiene 18.


En el periódico también leímos una noticia acerca de las desavenencias entre otros dos reyes de la zona de los Ruwenzoris, a uno de los cuales habían robado en su palacio una cantidad grande de dinero. La noticia del asalto parecía un poco de chiste así como  las fotos de los implicados, solemnes en sus tronos que parecían sacados de Las minas del  rey Salomón.

Los reyes de Uganda y sus aspiraciones federalistas me recordaron otras no tan lejanas -no me negareis que lo del estado libre asociado y lo de que Cataluñistán sea un país más en los hipotéticos estados unidos de Europa no tiene gracia-.  

Yo no distingo a un toro de un buganda, como un ugandés no distingue a un madrileño de un catalán, pero nosotros nos empeñamos en buscar la diferencia en vez de las similitudes. En vez de sumar esfuerzos para vivir todos mejor, tiramos cada uno hacia un lado de la cuerda hasta que ésta se rasga. No vemos a la persona sino al pueblo al que pertenece. Necesitamos sabernos parte del clan, de la tribu (eso que criticamos tanto en los países en los que los clanes todavía tienen un importante poder como Afganistán o Yemen y  decimos de ellos que todavía tienen estructuras medievales). Nos comportamos como una pandilla de adolescentes. Tenemos  miedo de tener ideas propias y particulares, preferimos refugiarnos en el grupo y si hace falta lo defenderemos como si nos fuese en ello la vida. Sólo hace falta que un político irresponsable proclame que hemos de defendernos frente al otro -con un victimismo de niño llorica la mayoría de las veces y trafulcando la historia como le viene en gana-, para que  una multitud se una al carro sin dudar para defender a la tribu, poniéndose en pie de guerra contra sus vecinos de toda la vida si hace falta: el buganda frente al toro, el valón frente al flamenco, el copto frente al musulmán… ¿Cuándo maduraremos? Estoy totalmente de acuerdo con la definición que hacía el francés Ernest Renan de la nación :"una nación es un grupo de gente unida por una visión equivocada del pasado y el odio a sus vecinos".

Yo desde luego no estoy dispuesta a que me digan dónde empieza y dónde termina mi pueblo, mi cultura, qué paisajes me pertenecen y cuáles no, qué idioma es el mío y cual es extranjero… Por nacer donde he nacido he leído El Quijote dos veces y, sin embargo, no he leído a Shakespeare. Si hubiese nacido en Londres me ocurriría lo contrario. Eso es cierto. Pero no es menos cierto que desde bien pequeña he recibido influencias culturales de todo tipo, ¿No son parte de mi cultura las películas de vaqueros? Y luego uno va inclinándose más por unos autores o una música que por otra, independientemente de su lugar de origen; hay españoles que saben más de manga que un japonés, y japoneses que saben más de flamenco que muchos españoles. ¿No es parte de mi cultura Anita Desai o Lokua Kanza? Soy cristiana, pero he leído el Corán y, sin embargo, nunca he conseguido leer la biblia. Mi ciudad es mi paisaje sentimental,  pero, entonces, ¿por qué se me pone la piel de gallina cuando oigo la música turca o el guirigay de la plaza Jemáa el Fná? Tan míos son el Valle del Rift o la ciudad de Sanaá como las llanuras de mi provincia.  Todos somos de cultura mestiza. ¿Por qué no lo aceptamos? Un día compré  una gramática de hindi  rebajada porque se había mojado.  Descubrí  entonces, como una cultura que consideraba totalmente ajena a mí, no lo era tanto. Resulta que ladrón se decía chor y robo chori y yo siempre había llamado a los ladrones chorizos (en Ecuador los llaman choros, ¿hasta América llegó el hindi?), yo se decía men, ¿no había oído yo más de una vez “el  menda” para referirse a uno mismo? A través del caló nos han llegado un montón de palabras del hindi que utilizamos sin darnos cuenta.  Como también hay en el hindi un gran grupo de palabras que no se me hacían extrañas porque las había estudiado en  árabe (jabar, garam, kitab, kursi…).

A nada que uno viaja ve cómo hay influencias mutuas por todas partes: terminaciones de azoteas marroquíes en forma de pirámide que ya se ven en Petra, celosías de arabescos omaníes que se repiten con exactitud asombrosa en la moderna decoración de una casa cordobesa, cenefas de madera en el techo de una lonja de Tavira que recuerda a otras similares de una mezquita malaya. Manos teñidas de alheña desde Marruecos hasta India.  Cantos gujaratis que te dejan helado por su similitud con el cante flamenco. Gestos de bailarina de flamenco en exhibiciones de un antiguo arte marcial malayo. Viajar y emigrar no es algo nuevo y el hombre ha sabido imitar lo mejor de cada cultura, asimilarlo como propio y avanzar. ¡A veces, sin embargo, somos tan pueblerinos!

 

martes, 25 de septiembre de 2012

Gorilas de montaña


Uganda







Il dolce fare niente

Uno se lo piensa dos veces antes de decidirse a ir a visitar a los gorilas de montaña en Uganda, ya que sólo el permiso cuesta 500 dólares, incluyendo la entrada al parque y los guías. Pero una vez que los has visitado no te arrepientes, sin duda es un dinero bien empleado. Por otra parte si te decides por ir a verlos a Ruanda el precio se dispara a 750 dólares. Desconozco el precio del permiso en el Congo. Estos son los tres sitios en donde se pueden ver gorilas de montaña, especie en peligro de estinción, solo son unos 700 ejemplares. Gorilas de otras especies se pueden encontrar en mucha mayor cantidad, creo que por lo menos hay unos 80.000, en Camerún, Gabón, Nigeria, Guinea Ecuatorial etc.



En Uganda estos simios se pueden visitar en cinco enclaves, cuatro en el parque nacional del Bosque Impenetrable de Bwindi (Buhoma, Nkuringo, Ruhija y Rushaga) y el otro enclave está en el parque nacional Mgahinga. Todas estos puntos de visita están en las extribaciones del parque, a tiro de piedra de poblaciones habitadas y cuando uno ve realmente la dimensión del parque en un mapa, le parece dudoso que se sepa realmente la cantidad de gorilas que hay en el interior del bosque. Nosotras fuimos a Nkuringo, a 2150 m de altitud. Allí se encuentran los guías de la UWA (Ugandan Wildlife Authority). Desde allí tuvimos que descender bastantes metros durante aproximadamente dos horas por un terreno con un desnivel considerable. El primer tramo está habitado y hay alguna plantación de plátanos por lo que hay un camino claro y fácil de seguir. A partir de cierto punto, sin embargo, se empieza a penetrar en el bosque y el camino se hace más abrupto, con piedras que pueden hacer que resbales o con vegetación que hay que ir apartando con el machete. En sí, no es un camino difícil, pero el ir bajando en un descenso contínuo durante tanto tiempo sin parar hace que las piernas te tiemblen y cada vez te sientes más inseguro porque piensas que en cualquier momento las piernas te pueden fallar y no sabes cómo te van a poder sacar de allí en caso de esguince o tirón muscular. En la oficina de la UWA te dan un palo que te sirva de bastón para apoyarte durante el descenso (es de gran utilidad) y también te ofrecen los servicios de un porteador que te lleve la mochila o te ayude en los tramos más difíciles a cambio de unos pocos chelines. Desde mi punto de vista no es necesario, ya que no hay por qué llevar mucho peso (basta con llevar algo de agua y un poco de comida) y creo que la ayuda que te pueden dar es escasa y si necesitas que te den un empujón en un momento dado para subir algún tramo, lo mismo el guía que cualquiera de los dos hombres armados que te acompañan no tienen ningún problema en hacerlo.

Los grupos de turistas son como máximo de 7 u 8 personas. Junto con el guía y los porteadores que se hayan querido contratar, van dos hombres armados con rifles de asalto. Ellos dicen que es porque hay elefantes y otros grupos de gorilas que no están habituados y pueden ser peligrosos. Supongo que aparte de esto también influirá estar en una zona fronteriza con el este del Congo, zona de inestabilidad permanente. En julio de este año, sin ir más lejos, gentes del Congo pasaron a Uganda huyendo de enfrentamientos armados entre los rebeldes tutsis del M-23 apoyado por Ruanda, el gran aliado de EEUU en la región, y el ejército, y fueron conducidos a un campamento de refugiados enorme a las afueras de Kisoro, población desde la que se accede a Nkuringo ( a una hora en coche). No sé calcular cuántos refugiados podía haber allí, pero el campamento era realmente grande. En el periódico pudimos leer el relato estremecedor de una mujer que tuvo que huir del Congo con su hija. Era domingo y ella, su marido y su hija estaban en misa cuando oyeron disparos. Al salir del templo se dirigieron a casa de los padres de su marido y encontraron todo como si huviesen tenido que salir huyendo rapidamente: el café estaba todavía humeando, la puerta de la calle abierta... Salieron a buscarlos y empezaron a oir más disparos, vieron gente huyendo hacia el bosque y más allá cadáveres tendidos en el camino... En la huida la mujer consiguió pasar a Uganda con su hija, pero desconocía qué había sido de su marido.


Gemma Parellada, corresponsal en Goma de El país en un artículo publicado el día dos de octubre  explica cómo “el este de Congo acoge el peor conflicto del planeta, el más mortífero. Una veintena de grupos se confunden entre alianzas y animadversiones que alientan a diario contra la dignidad de la población, pero eso no impide que las actividades mineras continúen. De la región se extraen toneladas de  tungsteno, Tántalo, estaño y oro, todos ellos minerales de sangre necesarios para la elaboración de ordenadores, teléfonos móviles y otros productos electrónicos. El armamento, las milicias, los minerales, las víctimas… todo circula con facilidad entre el oriente congoleño y sus vecinos Ruanda y Uganda. […] 200.000 personas han tenido que huir. Es solo la nueva oleada que se une a los otros  dos millones de fugitivos inocentes. […] En el Congo han muerto 5 millones de personas sin que nadie se inmute.
En los humedales de Kihingami y en Sebitoli también hay elefantes de foresta - verlos es prácticamente imposible pero sí se pueden ver tanto sus huellas en el barro como el túnel que deja su paso entre la vegetación y que enseguida te acostumbras a identificar-, y sin embargo, no se lleva ningún tipo de protección armada, ni siquiera cuando vas a Ziwa a ver a los rinocerontes llevas a nadie armado. Al igual que en Ziwa, en Nkuringo  creo que también nos hicieron firmar un papel según el cual tu eres plenamente consciente de que los animales que vas a ver son salvajes y que el riesgo que corres es bajo tu propia responsabilidad, eximes de cualquier responsabilidad a la UWA.









Mostrando indiferencia ante la exhibición de otro gorila
Encontrar a los gorilas no supone un problema para los guías porque los gorilas se mueven de media sólo un kilómetro al día, por lo que si sabes dónde estaban el día anterior ya sabes más o menos dónde están hoy. Una vez que se localizan hay que dejar cualquier mochila o bolsa que se lleve y los palos en el suelo antes de aproximarte a ellos. En teoría hay que pernanecer a 7 metros de distancia, pero esto es difícil dependiendo del lugar donde estén los gorilas, que sea un claro o monte cerrado. Y además aunque tú respetes las distancias, al parecer a los gorilas no les han informado de las normas y las incumplen constantemente. Ellos hacen su vida sin tener ninguna consideración hacia el visitante: estás fotografiando a unos gorilas que tienes delante y cuando bajas la cámara ves que un pequeño gorila esá pasando a un metro tuyo y por detrás tienes otro pisandote los talones. De todas formas, cuando pasan muy cerca de ti, lo hacen alertas, despacio y mostrando cierta precaución. Los de la UWA y los porteadores están siempre atentos, y aunque tú no te hayas dado cuenta de que tenías un gorila a medio metro, ellos sí que lo están controlando, para evitar problemas indeseados, aunque, como dice mi hermana, en caso de ataque está claro que no van a disparar al gorila, que es su medio de vida, dispararán al turista, al fin y al cabo los turistas no están en vía de estinción.

En nuestro caso poco a poco se presentaron por allí los catorce componentes del clan, pero el hecho de que pagues 500 dólares no te garantiza que vayas a ver tantos gorilas, a veces sólo hay cuatro o cinco. A mi lo que más me gustó fue ver actuar a los gorilitas: estaban siempre jugando, incordiándose y pegándose. Siempre moviéndose de un lado para el otro como los niños, con una vitalidad que de vez en cuando llegaba a irritar a los adultos. Por otra parte los adultos después de desayunar parecían disfrutar del fare niente, se tumbaban boca arriba y apretaban los ojos intentando dormirse y pasar de lo que sucedía a su alrededor, se despiojaban unos otros con delicadeza, o se tumbaban de manera informal, de lado, con la cabeza apoyada en el brazo estirado que de vez en cuando regogían sobre su cabeza, abrían la boca desperezándose o se incorporaban apoyándose de lado en un brazo con la cabeza en alto, mordisqueando una pajita entre los dientes y observando lo que pasaba a su alrededor. El número de moscas que revolotean a su alrededor es incontable y eso hace que se estén arrascando constantemente. Las moscas, sin embargo, no acuden donde los turistas, aunque parezca increible dado la cantidad que hay. Me sorprendió el hecho de que no se percibiese ningún olor a humanidad. En Costa Rica uno sentía que se iba acercando a un lugar donde había monos por el "olor a tigre" que había. Tal vez los gorilas no huelan porque la temperatura es mucho más fría que en Costa Rica y eso haga que el olor sudor no se perciba tan fácilmente. 

Tras una hora larga observándolos llega el momento de volver a Nkuringo, unas tres horas de subida interrumpida sólo un momento para comer algo. Agotador. Nada más llegar a Kisoro se puso a llover recio. Menos mal que no nos pilló la tormenta abajo, donde los gorilas, si no, yo no hubiese sido capaz de subir hasta Nkuringo y habría tenido que pedir a algún gorila que me hiciese un hueco en su nido. Cuando llegamos a la oficina de Nkuringo, los tendones de los pies y de la parte baja de la pierna me dolían terriblemente, no podía permanecer sentada porque una caída en un principio sin importancia ante los gorilas me había producido un tirón en algún músculo del culo, o una rotura de tendón o de hueso, no lo sé, sólo sé que sentarme e incorporarme cuando estaba sentada me dolía mogollón, como si algún músculo o tendón no me sujetase bien. El asunto me duró quince días con dolor fuerte cuando me sentaba o estaba sentada sobre asiento blando sobre todo y no desapareció por completo hasta que no pasó un mes. Así que seguro que hice un gesto de desagrado cuando me levanté a coger el diploma que te dan por haber sobrevivido a la visita a los gorilas, porque sí, te dan un diploma entre aplausos y todo. Eso es como cuando vas a comer al Arzak y te dan un menú para enmarcar: de alguna forma hay que justificar el excesivo precio.

Si quieres dar alguna propina tienen una caja en la que depositar el dinero de manera que luego se reparta entre todos. Esta costumbre está extendida por todos los parques ugandeses y me parece fantástico. En Tanzania en la práctica te obligaban a dar propina (una propina exagerada además) y si dabas menos de lo esperado sólo recibías malas caras. Además durante el safari estaban todo el día haciéndote la pelota para que luego te sintieses obligado a darles más, ¡Cómo si no hubieses pagado! En Namibia no es tan exagerado, pero también ponen mala cara si no reciben nada o no les parece suficiente la propina. Así que en Uganda me he sentido fenomenal, porque nadie te pedía nada y cuando no hemos dado propina el guía no ha puesto mala cara en absoluto y la despedida ha sido tan sonriente como el inicio del viaje. Dando propina lo único que se hace es que los dueños de las agencias (en el caso de Namibia o Tanzania mayoritariamente blancos) tengan justificación para pagar unos sueldos muy bajos y totalmente injustos a conductores y guías, con la excusa de que luego van a recibir un plus por parte del turista. Yo prefiero pagar más por cada día de safari para que den unos sueldos justos a sus trabajadores y luego no dar propina.

En Ishasha nos encontramos con una pareja de barceloneses que habían estado en Buhoma (Buhoma está a 1480 m de altitud) a ver a los gorilas y dijeron que los encontraron en tan sólo media hora y que el camino no era dificultoso. Por lo tanto, si teneis intención de ir a Uganda a ver a los gorilas, antes informaos de la dificultad de cada enclave y elegid el que creais más adecuado. Pero sabed que hay que estar en buena forma física. Para conseguir el permiso hay que contactar con la UWA con bastante antelación, ya que se dan pocos permisos por día (35 o 40, 7 u 8 por cada enclave). Si no tienen plazas para el día que solicitais, os ofrecerán para el día más próximo al solicitado y si estais de acuerdo habreis de decirselo lo antes posible y hacer una transferencia bancaria de 500 dólares y después enviarles el justificante de la transferencia por fax o escaneado por e-mail, para que ellos reserven inmeditamente las plazas. Cuando las tengan os lo harán saber. Yo intenté contactar por e-mail con la UWA, a través de su página web y después escribiéndoles a otra dirección que venía en la guía Bradt, pero no me contestaron, así que tuve que hacer la reserva a través de una agencia de allí, Gorilla tours concretamente, pero claro ya tienes que coger hotel, transporte y demás y sale mucho más caro. Eso sí, Gorilla tours es la más barata que encontré y no te hacen pagar antes de ir a Uganda nada más que los 500 dólares del permiso, lo demás lo pagas una vez allí.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Centrémonos en Uganda



La herencia británica

 

Cuando Churchil visitó a principios del siglo veinte los territorios ingleses del África oriental sin dudarlo dijo: "centrémonos en Uganda". Frente a Sudán, Egipto o Kenia, Uganda presentaba una ventaja fundamental: sus enormes recursos hídricos y tierra fértil adecuada para el cultivo del tabaco, el té, el café, el algodón o la caña de azúcar. Así que no dudó en recomendar -de una manera políticamente nada correcta hoy en día (luego dicen que no avanzamos nada, pero un político actual no se atrevería a publicar nada parecido)- acabar además de con la mosca tse-tsé que había causado numerosísimas víctimas por aquellos años, con la fauna salvaje y los molestos bosques que impedirían el desarrollo de la agricultura. Mientras pensaba en las presas que se harían y procurarían electricidad a todos los países del África británica, se dedicaba a cazar -tal vez sea más adecuada la palabra "matar" a secas- todos los rinocerontes que encontraba por el camino. Pero, ¿Qué dejaron los ingleses en Uganda?

Bien, pues la verdad no mucho. Sorprende la falta de edificios que nos recuerden la presencia británica ni siquiera en el centro de Kampala, las ciudades carecen absolutamente de planificación urbanística alguna con la excepción tal vez de Jinja. A simple vista parece que llegaron al país, lo explotaron y se fueron sin dejar huella. Sí dejaron su impronta, sin embargo, y en cosas que más valiese que se hubiesen llevado consigo.

Lo primero la religión claro. La mayoría de la población es cristiana, mitad católica, mitad protestante. Yo evidentemente no
Colorida mezquita de Jinja
distingo un católico de un protestante a simple vista. Pero la manía de tener la biblia en todos las habitaciones de los hoteles, llevarla en la mano a misa y vestirse de traje (de los años 50) los domingos y por extensión cuando se quiere vestir formal o elegantemente creo que son características más bien de los protestantes. Esto creo que influye en lo mal que visten los ugandeses en general. No es un problema de dinero, ya que los nigerinos o malienses son mucho más pobres y son tremendamente elegantes en el vestir. Un domingo vimos un niño de apenas 5 o 6 años vestido... de frac para ir a misa. Por otra parte las iglesias protestantes de aires centroeuropeos son feas y oscuras y no ayudan a embellecer un poco la ya bastante fea ciudad y trasmitir un poco de paz como si consiguen las mezquitas con sencillas construcciones siempre recién pintadas con llamativos colores combinados de manera atrevida
.

Lo segundo, el idioma, hoy idioma oficial del país aunque nadie lo usa en su vida diaria, para lo que prefieren alguno de sus treintaytantos idiomas maternos.

En tercer lugar dejaron a los ugandeses el fish and chips, el típico pescado empanado como suela de zapatilla que se encuentra uno en todos los países que fueron colonizados por los británicos. Yo, que adoro el pescado, me las prometía muy felices al ir a Uganda, un país lleno de lagos, pero tras probar un par de platos de tilapia, uno en plan fish and chips y otro masala, es decir, al estilo indio, nadando en salsa, me pasé a la carne, mucho más sabrosa y bien cocinada. Tal vez sea que la tilapia de por sí es sosa, pero de todas formas es bastante frustrante que en la mayoría de los restaurantes todo lo que tengan de pescado sea fish and chips. En Malasia están rodeados de mar, y sin embargo también era lo más habitual que por pescado solo te ofreciesen fish and chips: herencia británica.

No nos podemos olvidar del pan de molde. Allí donde estuvieron los británicos, olvídese usted de comer con una barra de pan, sólo hay pan de molde, y lo peor es que es mucho peor que el que puede usted encontrar en España. Por lo menos podía alguien enseñar a los ingleses a hacer pan de molde blandito y gustoso. También en India u Omán, ambos excolonias británicas el pan de molde era pésimo. Gracias a los indios también se puede degustar el chapati en Uganda, pero la verdad es que a mi me ha parecido bastante malo. Yo soy más de paroda (otro pan indio tipo chapati pero más consistente).

 

Otra cosa que los británicos consideran esencial dejar en herencia a sus ex-colonias son las clock tower. Todos sabemos que el Big Ben es uno de los símbolos británicos por excelencia y que los ingleses tienen fama de puntuales y de estar un poquín obsesionados con el tiempo, pero ¿qué necesidad hay de angustiar con el paso del tiempo al resto del mundo? Bien, pues si usted va a un país y ve una profusión infrecuente de torres del reloj, no lo dude, está usted en una excolonia británica. Ya sea Omán con sus torres de cartón piedra profusamente decoradas o Tanzania o Uganda con sus torres del reloj de metraquilato blanco anunciando coca-cola, advertirá en seguida que todas las ciudades tienen su torre del reloj.


Casi se me olvidaba, el uniforme. Al igual que pasa con las clock tower, si usted ve que en un país todos los niños llevan uniforme,

Niña en uniforme escolar
tiene muchas probabilidades de encontrase ante una antigua colonia británica. Así sucede en Malasia, en India o en Uganda. En el caso de Uganda los niños llevan trajes de llamativos colores muy visibles en la carretera. Tal vez las tonalidades de los uniformes tienen por objetivo precisamente que los niños, algunos muy pequeños, que se dirijen al cole andando por carreteras sin apenas arcén, sean fácilmente vistos por los vehículos y evitar así accidentes. 



Cabe mencionar también la moqueta, un nido de bichos de todo tipo, que las excolonias británicas tienden a relacionar con el lujo, y así en un hotel de Yemen puede uno encontrarse con moqueta hasta en el baño, y en la mejor habitación (la más cara) de un hotel de mochileros en Uganda, en vez de la mucho más cómoda, limpia y higiénica plaqueta de cerámica de las habitaciones más baratas encontrará usted moqueta gris marronácea en plan aeropuerto de Heathrow.

Voy a dejar aquí el tema de la herencia británica en Uganda, aunque también se pueden mencionar los clubs privados o los campos de golf tan abundantes en el país. No tengo nada contra los británicos, en general siempre se han preocupado de trasmitirnos cómo eran los pueblos que conocían y son gente de mente abierta, que con su ironía y sarcasmo saben criticarse a sí mismos y a los demás, pero si he escrito este artículo es porque realmente me ha dejado estupefacta no ver otro rastro de civilización británica en Uganda que estas características culturales que por mi parte creo que sería mejor superar cuanto antes.