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viernes, 29 de junio de 2012

Lenguas de clics


Desde la duna 45 al amanecer


 Una de las cosas que más me ha gustado de mi viaje a Namibia ha sido el poder oir hablar alguna de las lenguas de clics tipo a la que habla el protagonista de la película Estos dioses están locos. Yo pensaba que sólo los san (bosquimanos) hablaban así y que seguramente no tendría opción de oirles hablar, ya que sólo son el 1% de la población (habría que decir mejor que sólo quedan esos pocos después de las partidas para acabar con los bosquimanos que organizaron los alemanes en los años 1911-19 para defender las tierras que acababan de usurparles, igual que acabaron con practicamente el 80% de la población herero en lo que algunos denominan el primer genocidio del siglo). Pero luego me enteré de que las lenguas khoisan son habladas por más grupos como los damara (7% de la población namibia) o los nama u hotentotes (5%) y tuve ocasión de oirles más de una vez. En la misma Avda. Independencia de Windhoek un día dos viejillos estaban arreglando el mundo en alguna de esas preciosas lenguas frente a la tienda de artesanía que tiene la escultura del bosquimano, y la cafetería a la que solíamos ir a media mañana a tomar un café estaba regentada por una familia de aspecto san: ojos rasgados, talla diminuta y piel clara, que también hablaba en una lengua de chasquidos.









Camino de Sossussvlei
En la lengua damara hay cuatro tipos de clics. El primero es como un chasquido de fastidio con la lengua; el segundo como el ruido que hacemos entre la lengua y los dientes cuando queremos espantar una cabra por ejemplo; el tercero es similar al ruido de una pelota de ping pong al botar, y el cuarto es como un beso. El idioma san tiene muchos más clics que entremezclan de manera inimitable con fonemas "normales". En Sesriem, estábamos tomándonos una cerveza en el bar del camping, cuando interrumpimos nuestra conversación para mirarnos asombradas y sonreir mientras escuchabamos atentas la conversación que se traían dos empleadas del bar en una de estas lenguas khoisan. Era como un partido de ping pong, no parecía que pudiesen estar diciéndose nada con sentido. Si quereis oir un poco una de estas lenguas aquí teneis una buena dirección:



Parece fácil, ¿no?






Namibia en blanco y negro


Desde la duna Elim enel desierto del Namib
Lo primero que me llamó la atención ya antes de entrar en Namibia es que en el avión de Munich a Johanesburgo y después en el de Johanesburgo a Namibia sólo había una persona negra en cada uno de los vuelos. Nunca antes en ningún vuelo a países de mayoría negra me había pasado nada similar. Que no haya namibios lo puedo entender, sólo son dos millones de personas, pero sudáfricanos... ¿no emigran?, ¿no lo hacen a países europeos?, ¿no hay negros de clase media que puedan permitirse vuelos a Europa para estudiar o por negocios? Me parece muy extraño.

Hace muy poco tiempo que Namibia consiguió la independencia, apenas 20 años y en el caso de Walvis Bay aún menos, y aunque el sistema de apartheid impuesto por Sudáfrica ya se abolió, todavía queda un largo camino para que la igualdad entre blancos y negros sea real, apesar de que el gobierno intenta convencer a la gente de que ya es una realidad. Es verdad que en la zona bien de Windhoek se ven en los colegios blancos y negros juntos y que en Swakopmund se puede ver a chavales de ambos grupos divirtiendose o fumando shisha juntos. Sin embargo, aún el 10% de la población tiene el 65% de la riqueza y las 6100 granjas que hay están en manos de 3800 personas, 3000 de ellas blancas y sólo 800 negras, a pesar de que los blancos sólo son el 6% de la población.

En el centro de Windhoek
Andar por las principales calles de Windhoek puede conducir a engaño. Se ven tanto blancos como negros, todos bien vestidos en general y parecen convivir sin problemas. Sin embargo, si uno pone un poco más de atención se da cuenta de que los restaurantes tienen un porcentaje de clientes blancos mucho mayor al de negros, y estos, en cambio, "prefieren" comprarse algo para comer en algún supermercado o un bocadillo en algún puesto callejero de comida rápida e ir a comerselo al parque del zoo, donde no se ve ni un sólo blanco tumbado en la hierba comiendo -ni unos ni otros viven en la city, sólo trabajan allí-. Los restaurantes y hoteles suelen estar en manos de blancos así como las tiendas de recuerdos. Hay un gran mercado de artesanía al que van todos los turistas, en el que se pueden encontrar tallas, grabados, textiles y demás hechos por las distintas etnias del país, pero en todos los puestos verás a una blanca regentándolos y a veces también encargándose ella en persona de cobrar. Si no es así verás mensajes del tipo: "pida factura mecanizada, no permita que le den factura hecha a mano". Las chicas que te atienden y te hacen la factura son negras pero las dueñas son siempre blancas y parecen desconfiar de ellas. Las empresas turísticas también están todas en manos de blancos, aunque los trabajadores sean negros.

Se puede pensar que es lógico que el poder económico siga estando en manos de quienes estaba en la época del apratheid y que el reparto de recursos no se puede hacer de la noche a la mañana sin originar grandes problemas (eso pasa en cualquier país, las clases con poder no lo pierden tan facilmente porque haya un cambio de régimen o de constitución). Hacer como hizo Robert Mugabe en Zimbabue, despojando a los blancos de sus posesiones por decreto no parece buena idea, vista la situación en la que está hoy en día Zinbabue. Pero está claro que la juventud negra namibia un día se hartará de la enorme diferencia de calidad de vida entre unos y otros. Y, espero equivocarme, pero desgraciadamente me temo que sin violencia la solución es muy difícil, porque dudo mucho que las generaciones que no han vivido el apartheid estén dispuestas a esperar a la generación de sus nietos o biznietos para conseguir un poco de dignidad, y sólo una solución a muy largo plazo (aumento de impuestos de bienes inmuebles y tierras, gran inversión en casas dignas baratas distribuidas por toda la ciudad y no sólo en barrios específicos y sin atender a distinciones étnicas, compensación por daños morales a quienes se expulsó de sus casas en el centro, discriminación positiva en accesos a ciertos trabajos, educación integrada....) podría equilibrar la balanza poco a poco. ¿Pero cuántos años se necesitarían para una mínima igualdad?


Niño mestizo
Es verdad que en ciertas granjas se ven también basters (hijos de afrikaners y namas -hotentotes-) y otros mestizos y algún blanco en condiciones penosas. Camino de Sossusvlei nuestros guías negros (uno era owambo y el otro damara) cogieron los restos de nuestra comida y se los dieron a la familia mestiza que vivía cerca de donde habíamos parado a comer, en una granja perdida de la mano de dios. Y en otro pueblo otrora famoso por sus minas uno de los trabajadores blancos estaba penosamente delgado y se le veía tan pobre como sus compañeros negros. Es curioso por otra parte lo que sucede en Rehoboth. Allí son mayoritariamente basters descendientes de sudafricanos blancos, pero unos son más claros que otros y, según la guía Petit futé, sucede como en el chiste:"Ni blancos ni negros, ahora todos sois azules. A ver, los azules claros adelante y los oscuros atrás". La carretera separa el pueblo en dos, pero también a sus habitantes según la tonalidad más o menos clara de su piel: a un lado de la carretera las edificaciones son más consistentes y tienen mejor aspecto que en el otro: es donde viven los más claritos.



Mondesa (Swakopmund)
Pero a pesar de estos casos que chocan un poco al viajero -aunque bien visto no tendría porqué ya que siguen siendo gente "contaminada" de sangre negra en su mayoría-, la mayor parte de la gente sin recursos son negros. En Swakopmund pudimos comprobarlo con horror. Cuando cogimos una avioneta para volar sobre el desierto del Namib, el avión sobrevoló a la vuelta el barrio de Mondesa, donde viven la mayor parte de los negros de Swakopmund, si no todos. Era un desolado barrio de casas de hojalata en medio del desierto. Temblé de pensar en el frío que tienen que pasar en esas casas en un lugar como Swakopmund donde las temperaturas pueden ser heladoras. Además el barrio -la ciudad mejor, ya que allí viven seguramente el 70% de los habitantes de  Swakopmund- choca más al compararse con el centro de Swakopmund, una ciudad de estética alemana o centroeuropea,

Swakopmund
de edificios impecables de colores pastel y casitas con jardín. El contraste es tremendo. Las casas de los blancos tienen en su mayoría perro guardián y casi todas tienen verja electrificada. Y las oficinas, tiendas y también algún bar tienen un timbre para que llames y si te consideran de fiar te abran. En cuanto anochece todo cierra.




En Windhoek pasa lo mismo, la mayor parte de la gente, por lo menos el 50% o así, todos ellos negros, viven en un barrio de chabolas enorme, Katutura, a donde expulsaron no sin derramamiento de sangre a los negros que vivían en el centro de Windhoek en la época del apartheid. Las agencias turísticas ofrecen excursiones de un día para visitar el lugar. Nosotras no lo vimos porque ese tipo de excursiones me parecen absolutamente denigrantes, aunque ellos se escuden en que parte del dinero se queda allí y en que hay que conocer cómo vive la mayoría de la población. Imajínate que organizasen en Madrid excursiones turísticas para ir a ver el poblado de la Celsa o la Cañada Real y sus trapicheos de droga, o en Sevilla al barrio de las 3000 viviendas. Bueno pues esto es lo que hacen. En el hotel Chameleon tenían varias excursiones de un día, en una de ellas ibas a ver una granja de felinos creo y luego desayunabas con champán (los namibios blancos piensan que tomar ostras con champán en cualquier circunstancia, por ejemplo en un trip en lancha para ver focas, es super chic... sin comentarios) y en otra te llevaban al barrio pobre a ver cómo viven los negros, sólo espero que en esa excursión no te ofreciesen también champán. También en Swakopmund organizan este tipo de excursiones a Mondesa donde puedes hablar con los tuberculosos y con los portadores del VIH (en Namibia son el 21% de la población) y después de hacer unas fotos ir a las dunas a hacer surf en la arena. Eso sí, estas excursiones les parecen imprescindibles pero luego te dicen que ni se te ocurra ir allí por tu cuenta, que no cojas taxis si no conoces al taxista, que son todos unos mafias, que no salgas con bolso, porque te roban... En la capital, como en Swakopmund, las casas tienen todas verjas electríficadas. Yo estuve todo el viaje con chisporroteos y calambres constantes al tocar cualquier cosa metálica y el pelo siempre tenía electricidad estática, supongo que será por la sequedad del clima, por el frío, por los minerales que esconda el subsuelo (o por que estábamos cabeza abajo en el globo terráqueo), pero algo así no me había pasado jamás durante tantos días seguidos, mañana y noche. Incluso días después de estar en casa seguía dandome miedo tocar cualquier cosa metálica. Al final pensé si la causa no sería el hecho de que el país esté totalmente electrificado. Tal vez fuese la carga eléctrica del ambiente la que me convertía en un imán. Temía que cualquier día las cucharas y tenedores de los restaurantes se me pegasen al jersey.

No me explico cómo pueden sentirse bien los blancos viviendo de esa manera, con bonitas casas, coches todoterreno y empleos más o menos cómodos pero sin libertad para hacer lo que quieren. Tienen que moverse siempre en coche, por la noche pronto a casa, nada de abrir la puerta a extraños, siempre desconfiando... Lo explicaba muy bien Laurens Van Der Post en El Corazón del Cazador refiriéndose a su país: "Era extraordinario cómo la mayoría de la gente daba por naturales e inevitables las terribles tensiones en su vida cotidiana, la violencia que se acumulaba sin cesar en su seno y a su alrededor. En Johanesburgo les parecía perfectamente normal dormir con una pistola cargada debajo de la almohada, tener cercadas las casas con una compleja red de alambradas y con sistemas eléctricos de alarma conectados a la comisaría más próxima, tener vigilantes nocturnos armados con porras para que patrullasen sus fincas hasta el amanecer e incluso, por miedo a los negros, ir en coche cerrado a cenar a casa de un amigo que vivía a menos de cien metros de sus casas."

En Namibia hay menos inseguridad que en Sudáfrica pero debido a las diferencias tremendas de renta más o menos es así como se vive en la mitad sur de Namibia, la de mayor población blanca.


No pretendo cebarme con los blancos. Ellos han nacido en esas circunstancias y seguramente tampoco nadie les ha regalado nada y es difícil cambiar la percepción del mundo que te han trasmitido tus padres, pero no creo que la situación pueda durar mucho sin roces. De todas formas, yo me he sentido muy bien tratada tanto por los negros como por los blancos y no he notado rechazo, hostilidad, rencor o rabia hacia mi persona por parte de los negros por ser blanca como sí noté por ejemplo hace unos veinte años en Senegal, ni ciertas ganas de burlarse e incordiar al mzungu como noté en los chavales tanzanos. Son simpáticos y en cuanto cruzas la mirada con un negro, te 

Guepardo
saludan con un movimiento de cabeza y una sonrisa o alguna palabra de cortesía. Pero sí pude ver una escena de racismo de un guía blanco mayor, de unos 65 años o más, hacía su compañero negro, al que ya había anteriormente amonestado por una chorrada. El negro le pidió el palo que necesitaba para entrar en el recinto del leopardo y el viejo tomó el palo del suelo del coche donde él estaba sentado como para alargarselo al joven negro, pero cuando éste estaba cerca se lo lanzó al suelo, haciendo que el joven se tuviese que agachar a cogerlo, y luego soltó un "sorry" al que yo salté ojoplática con un: ¿será cabrón?, porque había estado claro que lo había hecho a posta. El jóven se tragó tanto esta humillación como la anterior bronca sin abrir la boca. Yo temí que el viejo apareciese cualquier día electrocutado en la valla que circunda la granja para impedir la salida de los felinos.


 

lunes, 4 de junio de 2012

Africa no es un país








Axum (etiopía)

La gente suele pensar que África es un territorio salvaje, que permanece inamovible en el tiempo, un territorio sin historia. No es de extrañar, ya que es la imagen que tienden a dar del continente los medios de comunicación, y la gente cree a pie juntillas lo que ve en la tele, lee por encima y de pasada en Internet o escucha a alguno de esos periodistas que desde el mejor hotel de cualquier ciudad africana parecen ser capaces de entender en apenas cinco días de idas y venidas en todoterreno, charlas con mandamases y comilonas en el susodicho hotel, la idiosincrasia, sueños y convicciones de las gentes no sólo de ese país, sino del continente entero. Cuando uno viene de un viaje a África y intenta contar lo que ha visto, comprueba con impotencia que hasta aquel que no ha salido nunca de su barrio le refuta todo lo que cuenta con argumentos de peso, como que eso no es así porque lo ha leido aquí o allá, o que lo vió en no sé qué web o programa. Ya nadie espera impaciente que el viajero relate cómo es ese lejano país, qué se come, cómo se comportan sus gentes; no puedes decirles nada que no sepan, ahora todo el mundo lo sabe todo, está en Internet: en África hace calor, hay leones, la gente es negra, bailan al ritmo del tambor, se mueren de hambre y tienen todos el sida, punto.


Biblia etíope, siglo XIV

Sinceramente siento una tremenda pena por esta gente que piensa que ya no se puede descubrir nada, que todo lo tenemos al alcance de un clic, que no pone en duda nada de lo que ve en una pantalla, que no tiene ilusión ni curiosidad por verlo con sus propios ojos, por experimentarlo por sí mismo.

Sin embargo, África es un continente enorme con realidades muy diferentes que te sorprende a cada paso por mucho que hayas leido o te hayas informado antes de dirigirte allí. Es verdad que hace calor en algunos lugares, pero también mucho frío en otros. La gente es mayoritariamente negra, cierto, pero también blanca, india, bereber o árabe; y todos son igual de africanos. Es más, pasa un rato, te pones a pensar y eres incapaz de recordar en algunos países si la persona con la que has hablado hace unas horas era blanca o negra. Algunos, como los senegaleses, se mueven con gracia al ritmo de los tambores, pero los etíopes, por ejemplo, disfrutan con unas melodías muy distintas que les provocan extraños movimientos de hombros. Muchos países de Africa acogen un montón de animales salvajes que nos hacen sentirnos como en un reportasje de la 2, es verdad, pero también nos ofrece pinturas rupestres, o esculturas y tallas que inspiraron a los artistas europeos del siglo XX, iglesias excavadas en la roca y preciosos grabados hechos por los san (bosquimanos) actuales, ilustraciones picassianas de biblias etíopes o bronces nigerianos de los siglos XIV o XV, alfombras casi voladoras y obeliscos de hace casi 2000 años que parecen obra de un autor actual... Es cierto que muchas veces la vida es complicada en África, pero también hay gente con iniciativa y luchadora, mucha gente joven que nos ganan por goleada en sueños, optimismo y ganas de vivir.

Recién licenciados. Addis Abeba
En fin, África es mucho más que lo que se ve en la pantalla de la tele o el monitor del ordenador. África no es un país, sino todo un continente con tanta diversidad o más de la que puede haber en Europa.  África tiene una cultura y una historia, no sólo hay animales salvajes y naturaleza desbordante -que también, y es fantástico- sino que en cualquier rincón encuentras también arte del bueno, arquitectura sorprendente y rincones cargados de historia. En África no sólo hay guerras, hambre y enfermedades, también hay proyectos, ideas y renovación. Creedme, no penseis que lo sabeis todo porque lo habeis visto en una pantalla, no perdais la capacidad de sorprenderos. O, mejor, no me creais, coged la mochila y emprended el camino para verlo con vuestros propios ojos, os traereis de allí un montón de buenos recuerdos, además de experiencias y encuentros imposibles de bajarse de Internet. ¡Buen viaje!

Grabados rupestres bosquimanos en Twyfelfontein (Namibia)


sábado, 3 de marzo de 2012

Animalia










Harta de conversaciones sobre tiroteos y muerte en Homs y crisis sin fin, y de esa sensación de que todo nuestro sistema de derechos, bienestar y falsa seguridad se desmorona, me he propuesto dejar a un lado al hombre y desviar la mirada hacia los animales. La naturaleza siempre ha tenido la capacidad de relajarme y hacerme olvidar los problemas e, incluso en los momentos de mayor bajón, el observar a un pequeño perrillo me produce un indescriptible placer. Así que hoy la cosa va de animales.

A veces, sin embargo, ¡se parecen tanto a nosotros!. En Delhi un día había un hombre vendiendo en un pequeño puesto cerca de Conaught Place patatas cocidas creo recordar o algo semejante. De repente un mono se puso erguido ante él y agrupando sus dedos en forma de lágrima se los llevó a la boca, para después bajarlos hacia su tripa y girar la mano abierta en círculos. Repitió esos gestos varias veces y el hombre sin apenas dirigirle la mirada le lanzó una patata, que el mono se llevó raudo y veloz a un árbol. No tardó, sin embargo, ni dos segundos, en volver y, en este caso olvidando absolutamente cualquier cortesía y acompañado de otro rufián, le robó al pobre vendedor otra patata y saltó-casi-voló a otro árbol.

También en India, en Bikaner en concreto, fuimos testigos de una actitud materno-filial muy ¿humana?. Estábamos en una granja de camellos, aburridas ya que no parecía una excursión de gran interés, cuando empezaron a llegar los camellos que habían estado pastando fuera. De repente, un camello se paró en seco y miró hacia los lados con preocupación, se volvió por el camino que había venido y se perdió de nuestra vista. Al cabo de un segundo volvió con un pequeño camello al que golpeaba en el lomo con el morro suavemente pero con firmeza mientras refunfuñaba regañándole pero con cariño al mismo tiempo:"venga pa'lante, como te vuelva a perder de mi vista, cobras". De veras que no es una percepción nuestra, no es una lectura humana de un comportamiento que vete a saber qué significaba, no, las dos muestras de sentimiento fueron perfectamente claras.

Este año en Namibia, en el parque de Etosha, también hemos podido comprobar cómo los animales tienen personalidad propia. Quiero decir que todos los elefantes, por ejemplo, no son iguales, cada uno tienen sus manías. En una charca en la que había varios elefantes y springboks bebiendo y bañándose, por ejemplo, había un elefante joven que simplemente no soportaba a los springboks, le superaban, y se acercaba a ellos a echarles agua para que se fuesen o les barritaba si pasaban corriendo cerca de él con inconfundible enfado, le enervaban. Al resto de los elefantes, en cambio, ya fuesen jóvenes o viejos, les traía sin cuidado que las gacelillas anduviesen por allá.

Es fantástico poder ver a los animales en su entorno. Por la noche ver a unas girafas protegiendo a la más pequeña de ellas mientras bebía, dejando rápidamente la difícil posición que tienen que adoptar para beber al menor ruido, y ver luego como se acerca un rinoceronte y más allá cómo viene un elefante, todo en silencio... Mientras estaba observándoles pensé que de un momento a otro aparecerían ante mí las palabras THE END, era difícil creer que realmente yo podía tener el inmenso privilegio de presenciar esa escena. Algo parecido me pasó en Tortuguero (Costa Rica) cuando fuimos con Chico a ver a las tortugas desovar en una playa llena de troncos que había que ir evitando con cuidado de no caerse, a la escasa luz azul de una diminuta linterna, los rayos de una lejana tormenta al otro lado del mar, en silencio total. Al día siguiente fuimos de nuevo con este mismo excepcional guía en barca de remos a dar una vuelta por el parque natural, los monos saltando de árbol en árbol por encima de tu cabeza, en alguna rama una serpiente amarilla o diminutas ranas de colores, dejándonos arrastrar por el agua, con el único ruido del roce de ésta con la barca. Fue fantástico.

Esta excursión me ha hecho recordar un perro que vivía en un bar-muelle camino de Tortuguero. Las barcas que llevaban a los turistas de Limón a Tortuguero paraban allí para tomar algo o repostar -o como decía un chico de Bilbao, para darles tiempo a los guías de ir colocando los animales del resto del recorrido, mientras los turistas tomábamos algo distraidamente-. El caso es que además de un perro había un mono, supongo que atado, aunque la verdad es que no lo recuerdo. Pero lo que sí recuerdo es que todos los turistas iban a hacerle monadas (nunca mejor dicho) al mono y pasaban totalmente del perro. Así que éste cogía carrerilla para llamar la atención y se tiraba con gracia y sin casi frenar boca arriba jadeante y sin dejar de mover la cola, esperando que algún turista se dignara a hacerle unas caricias en la tripa.

No quiero terminar sin comentar lo que me sorprendió la primera vez que vi girafas, elefantes, guepardos y otros grandes mamíferos -esto fue en Tanzania-, lo silenciosos que son, estás observándoles y lo único que oyes es a los pájaros que hay por alrededor, sólo muy de vez en cuando se oye algún rugido o algún barritar que hace que algún pequeño babuino se de la vuelta completa sobre el lomo de su madre para ver qué demonios pasa.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Namibia


ANHELOS

Sábado en Swakopmund
Andaba con cuidado para no clavarme algo. Tenía las botas en la mano llenas de arena mojada. Había tenido la precaución de quitarmelas antes de entrar en la oficina. No es que confiase en la astucia de la policía local pero más vale prevenir. De todas formas siempre usaba unas chanclas cuando estaba trabajando. El señor Von Trotha no me miraba con buenos ojos pero me preocupaba poco las represalias que pudiese tomar por mi cada vez menor interés por el trabajo, mi aspecto desaseado, mi pelo y barba teñidos de rojo y amarillo -perdí la apuesta en la final del mundial-, mis monosílabos... y mis chanclas. ¿Qué podían hacer? ¿Trasladarme a Keetmanshoop? ¿Tal vez a Rehoboth? No había diferencia alguna. No creo que la vida allí fuese mucho más aburrida que en esta ciudad de cartón-piedra. Es más, estoy seguro de que es imposible vivir en un lugar más aburrido que éste. Mis compañeros piensan que es la soledad lo que me ha vuelto un tanto huraño. Según dicen antes no era así. ¡Pamplinas! No soy solitario. Vivo sólo, sí, en una casa modesta pero preciosa en la calle Bahnhof, a pocos metros de las dunas. He puesto en el jardín un montón de enanitos como hacen en Europa y a cada uno le he pintado un mensaje en una tablilla de madera. Mis vecinos se paran a leerlos y algún turista también. No tengo perro como la mayoría de los del barrio, es cierto. No porque no me guste su compañía, sin embargo. Simplemente nunca me lo he planteado porque no creo que a ningún negro se le ocurra acercarse desde Mondesa a robar precisamente en esta casa, ya saben que aquí no hay nada, ni siquiera tiene verja electrificada. Pero solitario no soy. A la tarde suelo tomarme una cerveza en el Village, entre horas bajo a la terraza del Brauhaus si no hace mucho frío y a veces entro y ojeo algún libro, y los sábados por la mañana como casi todos los blancos no falto al café. Más que el ambiente, me gustan las fotos antiguas en blanco y negro de la cafetería, esa foto en la que aparece el local pero prácticamente solo en medio de un pueblo fantasma, me gusta imaginarme a aquellos pueblerinos europeos en un ambiente hostil luchando por iniciar una nueva vida aquí, entre el desierto y el mar. Los PIONEROS. Mi abuelo fue pionero. Yo no le conocí pero he escuchado hasta la naúsea su odisea de boca de mi padre. Pero me estoy desviando del tema.




Playa de Swakopmund (Namibia)

El caso es que lo he hecho y aquí estoy, intentando limpiar las botas. Tengo que apresurarme, se me están quedando los pies helados. No es que me cayese mal el señor Von Trotha. En realidad era un buen hombre, pero hablaba demasiado. Era como una máquina de hacer palabras. No era posible seguirle el hilo, de un tema pasaba a otro sin orden ni concierto y después de estar oyéndole un rato te preguntabas qué había sido en realidad lo que te había hecho ir a su despacho. Al cabo de una buena media hora volvías a tu mesa sin respuesta a tu duda pero conociendo todos los chismorreos, novedades y rumores de medio Swakopmund. Simplemente no lo he soportado más. Uno tiene un tope. Y luego están las gafas. Las de su mujer. Cada vez que paso por delante de la oficina de turismo no puedo evitar mirar por los cristales y ahí está, mirándome por encima de las gafas, pidiéndome que le haga el favor. La decisión ha sido rápida, en realidad yo creo que inconscientemente estaba ya largamente meditada, oculta en algún lugar de mi cabeza como esas simientes que, hundidas en la arena del desiero durante toda la estación seca, en cuanto les caen cuatro gotas hacen brotar un bonito liquen. Algo así. De mï no van a sospechar, lo normal es que cuando lo encuentren en la playa piensen que ha sido algún negro. Aquí son los negros los que hacen esas cosas. El inspector jefe es mayor, ha vivido tres cuartos de su vida bajo el apartheid y sencillamente su esquema cerebral no le permite plantearse ni remotamente otra posiblilidad. Y si es que alguno de los jóvenes comisarios negros que se han ido incorporando protesta un poco y baraja otras posibilidades, las sospechas recaeran en los jóvenes que suelen andar por el muelle fumando shisha, alguna vez ya se les ha ido la mano con alguna gamberrada: lo han visto borracho, jugando le han empujado al agua y ha muerto por hipotermia. Un accidente. No era su intención. Sólo es que el agua está muy fría. Pero de todas formas, voy ha ser precabido, voy a limpiar...
 
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Mondesa (Swakopmund)
 Vaya, lo siento. Mañana acabaré el cuento, acaba de entrar el señor Von Trotha, ya se oye su cháchara, su i n t e r m i n a b l e cháchara. Me quedan siete desesperantes horas de trabajo en esta oficina con su bla-bla-bla de fondo, en este cuartucho que por no tener no tiene ni una ventana para que pueda distraerme viendo el paso apresurado de los viandantes bajo el cielo plomizo de Amsterdam. Mi única vía de escape a la confusión de frases disparejas que viene del despacho del señor Von Trotha es cerrar los ojos e imaginarme en esa otra oficina, descalzo, con las botas en la mano...